06 diciembre 2012

Reflexión

“Se acerca vuestra liberación”

El domingo comenzamos un nuevo año. No, no es un error de imprenta. Comenzamos un nuevo año... litúrgico. En el domingo primero de Adviento comienza un nuevo año que concluirá en la solemnidad de Cristo Rey, dentro de doce meses. Precisamente el domingo anterior celebrábamos en esa fiesta que Cristo es el centro de la historia, y que -como rey- nos enseña a reinar a su manera: sirviendo. En el evangelio el Señor nos habla de los signos que anunciarán la culminación de la historia: "Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo, temblarán". Nuestra fe nos dice que la historia tiene un principio y un final. No creemos en reencarnaciones sucesivas, ni en nuevos comienzos del mundo con historias circulares que empiezan y terminan una y otra vez. La historia tiene su principio en Dios creador, y tiene su meta en la segunda venida de Cristo, que volverá glorioso como vencedor del mal, del pecado y de la muerte. Así lo decimos cuando rezamos el Credo. Por eso, en estos primeros domingos de Adviento, la liturgia nos ayuda a prepararnos, no tanto para la Navidad, sino sobre todo para la ultima venida de Cristo.
A veces nos puede pasar que ante ese final de los tiempos, ante esa última venida del Señor, adoptemos la actitud de tener miedo. ¡No! Nuestra fe no es en un Dios que provoca miedo. Precisamente las palabras de Jesús en el evangelio, son más bien tranquilizadoras: "Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. (...) Cuando empiece a suceder esto, levantaos; alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación". Por eso, en la Misa siempre proclamamos esa venida, diciendo... "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús". Mientras tanto, caminemos con esperanza firme de verlo glorioso, dando testimonio de la fe en Él
Fuente: Alforjas de Pastoral

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