06 abril 2026

Introducción al II Domingo de Pascua

 En los relatos evangélicos de reconocimiento del Resucitado, los discípulos nos cuentan cómo han tenido encuentros personales o comunitarios con Jesús llenos de vida; cómo Jesús que había quedado oculto por las garras de la muerte les da una nueva oportunidad, se vuelve a encontrar con ellos vivo. Era el mismo, pero no lo mismo.

Aquél que les había llamado, les había invitado a seguirle, les había propuesto el proyecto de su reino, y ellos habían abandonado tras el escándalo de la cruz. Les vuelve a ofrecer salvación, liberación, renovación. Lo decisivo es que recuerdan las palabras de Jesús, sus actitudes en las largas caminatas de Galilea, como PALABRAS, HECHOS DEL QUE ESTÁ VIVO Y LES SIGUE HABLANDO CON LA FUERZA DEL ESPÍRITU.

La Resurrección da a la vida de Jesús una actualidad permanente, actual: sigue perdonando, llamando a seguirle; acogiendo a los pobres.

Los discípulos se sienten regenerados: vivían orando, compartiendo, en una fraternidad increíble y una unidad que les llevaba a hacer signos y prodigios en nombre del Resucitado. Superando los miedos a abrirse a la vida, volvieron a Galilea, precedidos por Él, con Él en el centro, con una fe más plena para su vida y misión evangelizadora.

Volver a Jerusalén era lo más fácil, era volver a lo institucional, lo reglado, al cumplimiento. Recomenzar en Galilea es anunciar la posibilidad de un mundo más humano, compasivo, misericordioso y solidario.

Es seguir confiando en el valor del servicio, del testimonio de la verdad; es tener verdadera pasión por los crucificados de nuestro mundo; es asumir el fracaso de la cruz como camino de vida y felicidad.

Fr. Pedro Juan Alonso O.P.

Fr. Pedro Juan Alonso O.P.

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