Ha sido un momento lleno de emoción y ternura. Muchos llegaban con nervios, con esa mezcla de ilusión y respeto que caracteriza a los grandes momentos de la vida. Sin embargo, acompañados por sus padres y catequistas, fueron encontrando la calma y la confianza necesarias para vivir esta experiencia tan significativa. Poco a poco, sus rostros se fueron iluminando, y la celebración se convirtió en un espacio de alegría, serenidad y encuentro.
Es hermoso ver cómo crecen en la fe, cómo descubren el valor del perdón y cómo se sienten acogidos por la comunidad. Para las familias y catequistas también ha sido un instante especial, un recordatorio de la importancia de acompañar, de sembrar y de celebrar juntos.
Gracias, Padre Javier, por tu cercanía, tu paciencia y tu dedicación. Tu manera de guiar esta celebración ha ayudado a que los niños vivieran este día con paz y con una sonrisa.
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