HA VENIDO A MI ORILLA
Por Gustavo Vélez, mxy
“Pasando Jesús por la ribera del lago, vio a dos hermanos, Simón y Andrés que estaban repasando las redes y les dijo: Seguidme y os haré pescadores de hombres”. San Mateo, Cáp. 4.
1.- Cesáreo Gabaraín fue un sacerdote español, músico notable, fallecido hace algunos años. Numerosas canciones de su autoría hicieron carrera en nuestro folclore religioso. Entre ellas ésta, que se canta en todos los países de habla hispana: “Tú has venido a la orilla; no has buscado ni a sabios ni a ricos”… La ribera de la cual nos habla san Mateo, cuando Jesús llama a sus primeros discípulos, es la del Tiberiades. Allí cerca estaba Cafarnaum, ciudad importante entre aquellas que rodeaban el lago. Epicentro además de la vida pública del Maestro.
La orilla, que menciona el poeta religioso, es nuestra propia vida, lugar donde nos hemos encontrado con Dios. Tal vez de forma explícita y convincente. O quizás entre sombras. O bien de paso, porque al advertir su cercanía, hemos esquivado su presencia.
2.- A la madrugada, numerosos pescadores partían lago adentro. Para regresar unas horas más tarde, con la barca colmada de peces, o llena el alma de un cansancio inútil. Consta que la familia del Zebedeo llevaba adelante su empresa, suficiente talvez, aunque no extraordinaria. De este hogar hacían parte Santiago y Juan, hermanos entre sí y la madre, de nombre desconocido, la cual intrigó en cierta ocasión ante Jesús en favor de sus hijos. También de la pesca vivían allí Simón Pedro, su hermano Andrés y obviamente sus respectivas familias.
El evangelio destaca que, en aquel escenario ocurrió el llamamiento oficial de Jesús a sus cuatro primeros discípulos: “Venid conmigo, les dice, y os haré pescadores de hombres”. Les presenta un proyecto que ellos podrían comprender, pues habían crecido en ese oficio. Pero quizás no comprendían aquello de recoger hombres en su red. Y el texto asegura que los dos pares de hermanos, dejándolo todo, es decir su familia, las barcas y las redes se fueron detrás del Maestro.
3.- Pero conviene suponer todo un entrenamiento anterior. Una mentalización previa, mediante muchos ratos de amistosa conversación con ellos. Ante un grado académico, una victoria deportiva, o una boda, adivinamos un proceso previo que dio origen al acontecimiento.
Nuestro seguimiento al Señor tampoco es repentino, aunque así se cuente en la vida de algunos santos. Hacia atrás descubrimos entusiasmos y dudas, avances y retrocesos, encontrados sentimientos. Más adelante pudimos ver y comprender. Fuimos capaces. Y surgió una amistad sólida y constructiva con Jesús. Pero el llamado a la fe cristiana incluye además un envío a ser pescadores de hombres. Expresión que es necesario traducir para nuestro ambiente. El Maestro hoy nos manda a hacerlo conocer en nuestro entorno. A enseñar a quienes tratan con nosotros que los valores evangélicos califican la vida.
4.- A este propósito comentaba un obispo: “Es cierto que el anuncio del Evangelio lo realizaron los apóstoles y los llamados padres apostólicos. Pero luego fueron los cristianos sencillos, comerciantes, campesinos, esclavos y soldados, quienes difundieron la fe de manera imparable. Por el simple sistema de una confidencia sobre la riqueza que les había dado el conocimiento de Jesús. Aquí encontramos una herramienta maravillosa que también nos servirá en el mundo de hoy”.
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