24 enero 2024

Moniciones, Evangelio y lecturas de hoy Domingo 28 de Enero de 2024 – IV Semana del Tiempo Ordinario

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos sean todos ustedes, hermanos y amigos. Ojalá hoy todos nosotros escuchemos la voz de Dios y no endurezcamos nuestros corazones.

Estamos en el Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario. La liturgia de la Palabra de hoy nos habla del poder de la Palabra de Dios y de la autoridad con que hablaba Jesús. Su Palabra asombra a los que lo escuchan, libera y rescata a los que le hacen caso. Todo el poder de la Palabra radica en su capacidad de transformación mientras escuchamos. Es en la escucha de la Palabra donde Dios se hace presente y sana. La Palabra que nos creó también habrá de sanarnos. 

Seguros de Presencia del Resucitado aquí y ahora entre nosotros, pongámonos de pie y celebremos con gozo esta Eucaristía.

MONICIÓN PRIMERA LECTURA (Deuteronomio 18,15-20)

Por medio de Moisés, Dios anuncia que vendrá el Profeta Perfecto, que hablará con la misma autoridad de Dios porque hará presente a Dios mismo. ¿Cómo recibe nuestro corazón esta noticia?

PRIMERA LECTURA

Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca

Lectura del libro del Deuteronomio 18, 15-20

Moisés habló al pueblo, diciendo:

—«Un profeta, de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará el Señor, tu Dios. A él lo escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea: «No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir».

El Señor me respondió: «Tienen razón; suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá»».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 94, 1-2. 6-7. 8-9 (R.: 8)

R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón».

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R.

MONICIÓN SEGUNDA LECTURA (1 Corintios 7,32-35)

En su ardor por la difusión del Evangelio, Pablo exhorta a sus lectores a consagrarse al celibato para estar, así, totalmente disponibles a Dios. ¿Qué pasa en nuestro corazón mientras escuchamos esta Palabra?

SEGUNDA LECTURA

La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 32-35

Hermanos:

Quiero que os ahorréis preocupaciones: el soltero se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, y anda dividido.

Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido.

Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.

Palabra de Dios.

MONICIÓN EVANGELIO (Marcos 1,21-28)

Hoy Jesús no sólo nos trae la Buena Noticia sino que nos habla con autoridad y convicción. Su Palabra tiene el poder de sanar. Abramos el oído, la mente y el corazón: fijémonos en cómo Jesús nos habla, y en cómo nosotros lo escuchamos.  Pongámonos de pie para la proclamación del Santo Evangelio.

EVANGELIO

Enseñaba con autoridad

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 21-28

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.

Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:

—«¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».

Jesús le increpó:

—«Cállate y sal de él».

El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:

—«¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen».

Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Palabra del Señor.

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