04 junio 2023

UNO Y TRINO EN TODO Y PARA TODO.


Por Ángel Gómez Escorial

1.- Yo creo que se llega al convencimiento de lo que es la Trinidad por intuición o por gracia. No creo que haga falta entenderlo sobre una base completamente racional. ¿Para qué? Partiendo de la dificultad humana para poner límites a la condición divina pues ya todo es posible. Pero, realmente, el mejor argumento sea el del amor, el de Dios Familiar. Luego seguiré un poco más por ahí.

Es inevitable, de todos modos, buscar alguna imagen. El ser humanos tiene tendencia a “fotografiar” todo. En cuanto a las representaciones gráficas es verdad que hay algunas notables como, por ejemplo, las tres teclas de Ignacio de Loyola. Una vez aquí en Betania escribí yo que la Trinidad sería parecida a una nave de investigación espacial en la que el módulo principal se queda en órbita, otro, el de investigación, baja al planeta a hacer su labor y que hay un contacto entre ambos mediante un sistema de transmisión de datos que une ambos y los comunica. El módulo “de arriba” sería el Padre, la cápsula que aterriza sería el Hijo y el fluido constante de relación e información (amor) sería el Espíritu. Esta definición le llamó mucho la atención al Padre Leoz –ya hace años—que me parece que la utilizó en algún lugar. ¿Pero hace falta esa comparación? No lo sé. La cuestión es que, como decía antes, si no limitamos las posibilidades de Dios todo es posible.

2.- La Trinidad es más que básica y fundamental para nuestra fe. Así podemos entender mejor a Dios. Hemos recelado, a veces, de la bondad del Padre al pensar que ha permitido la terrible muerte de Hijo en la Cruz. La idea sacrificial se inscribe más en ideas que se aproximan a la sociología del Antiguo Testamento. La muerte de Jesús se entiende mejor con la parábola de los viñadores asesinos y, sobre todo, al ser Uno y Trino, también el mismo Padre sufrió el tormento de la Cruz. Algunos de los prisioneros de los nazis, en los campos de concentración, preguntaban también donde estaba Dios cuando se producían esos crímenes. Dios estaba junto a los ajusticiados y sintiendo esa misma muerte. Es un Dios de amor que engendró un día por amor al Hijo y que el flujo de ese amor era –y es—el Espíritu Santo. Uno y Trino en todo y para todo. No obstante es bueno aplicar una buena dosis de humildad a todo esto. Es obvio que la teología cristiana, muy emparentada con la filosofía de origen greco-latino, ha querido encontrar respuestas precisas y notables. Por eso decía yo –eso sí con una cierta prevención y mucha humildad—que en estos casos es mejor la intuición, que otra es otra cosa que algo que sale de tu corazón.

3.- La fiesta de la Santísima Trinidad entra en el calendario romano en 1331. Pero la devoción a la Trinidad comenzó a incrementarse de manera notable en el siglo X. Es cierto, además, que las alusiones trinitarias en la liturgia son muy frecuentes desde los primeros momentos de la Iglesia. Las lecturas de la misa de hoy son muy adecuadas a lo que estamos celebrando. Así hemos escuchado en la primera lectura del Libro del Éxodo la narración de la presencia de Dios en el monte Sinaí ante un Moisés echado en tierra que espera que el Señor perdone a un pueblo de dura cerviz. Habréis reparado en la brevedad del fragmento proclamado de San Pablo y procedente de la segunda carta a los fieles de Corinto. No hace falta que sea más largo. Dice. “La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros”. Es una frase de honda definición trinitaria, además de ser una frase presente en los textos litúrgicos de la Misa. También, obviamente, es breve el fragmento del capitulo tercero del evangelio de San Juan, que se acaba de proclamar y ha definido la esencia de la Redención: el envío y misión de Jesús, desde el Padre para se salve el mundo.

4.- Estamos ante una fiesta de amor, ante una realidad familiar del propio Dios, basada también en el infinito amor que fluye y circula entre las tres Personas. Dios es amor y esa circunstancia es la que da forma e ilustra todo lo demás. Y lo que es completamente cierto es que si no estamos dispuestos a amar a Dios sobre todas las cosas, muy difícilmente entenderemos el misterio de la Trinidad. No sirve ni la ciencia, ni el método científico, ni la filosofía y si me apuráis ni siquiera la teología. Solo ayuda el amor. Y a partir de ver en las criaturas el amor de Dios, nos acercaremos mucho más a esta realidad esplendida del Dios Familia, de la Santísima Trinidad.

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