12 junio 2023

Domingo 18 de junio: ¿DÓNDE ESTÁ EL REINO DE DIOS, HOY?

 ¿DÓNDE ESTÁ EL REINO DE DIOS, HOY?

Por Ángel Gómez Escorial

1.- El versículo anterior al canto del Aleluya, que acabamos de escuchar, y que es, siempre, pórtico de la proclamación del Evangelio, nos ha dicho hoy: “Está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”. Las dos frases corresponden al evangelio de san Marcos. Jesús de Nazaret basó su predicación en la cercanía de esa nueva realidad humana y cósmica que es la llegada del Reino de Dios. En fin, en las palabras escritas por Marcos queda claro que el Reino forma parte de nosotros y estará dentro de nosotros cuando nos convirtamos de verdad. Y nos podemos preguntar: ¿Está cerca, hoy, ahora, este domingo, el Reino de Dios? ¿Y no parece, realmente, que el Reino se va alejando de nosotros, tal como está el mundo, la sociedad civil e, incluso, la misma Iglesia y sus fieles? No. Tajantemente, no. El Reino está cerca. Y lo está porque lo ha dicho Cristo. Y lo está, además, porque tras todos los tiempos de crisis florece con fuerza –fuera y dentro de nosotros—el Reino de Dios.

Cuando Jesús, de acuerdo con el evangelio de Mateo, que se ha proclamado hace unos minutos, comienza a buscar y nombrar y enviar a sus apóstoles lo hace porque quiere tener colaboradores para el establecimiento del Reino, desea implicar a todos en ese Reino, como actores, como constructores y como mantenedores del mismo. Se ha dicho muchas veces que la Redención pudo llegar, solamente, por la fuerza de Dios. Pero, si hubiera sido así, ¿Qué haríamos nosotros aquí? Está claro que el Reino de Dios no es utopía, que se cumplirá en la Vida Futura, en otro mundo, en otra dimensión. Se ha de cumplir aquí y ahora, al igual que la Bienaventuranzas –a pesar de su dificultad para ser aplicadas desde la perspectiva humana—son de este tiempo, no de la otra vida.

2.- Jesús admite que la mies es mucha y los operarios pocos. Y por eso recluta a los doce apóstoles que serán cabeza y fermento de su Iglesia. Y respecto a la mies y a la carencia de operarios, las cosas siguen igual, o peor. Porque tendremos que reconocer que, en los primeros tiempos de la Iglesia, la capacidad de evangelización fue muy rápida y muy eficaz. En menos de doscientos años –y con evidente dificultad—los cristianos se había extendido por todo el mundo conocido, llegando, incluso según la tradición, a la India, gracias a la predicación del apóstol Tomás. Hoy se va más despacio. Se para en la evangelización, se detiene su efecto y se produce una clara marcha atrás. Pero, en fin, la situación es parecida a la que ya formulaba el Señor Jesús al elegir a los apóstoles y al expresar que la mies es mucha y los obreros pocos. Y por ello, igualmente, Jesús de Nazaret, un domingo más, nos muestra lo que tenemos que hacer y nos enseña a acometerlo.

3.- Jesús, en otra ocasión, dirá que el Reino ya ha llegado y que está dentro de nosotros. Y es así. Pero hemos de reconocerlo en nuestro interior. Ello también lleva esfuerzo, porque el mundo en que vivimos marca muchas direcciones contrarias. La sociedad actual, en países donde la fe cristiana es mayoritaria, camina por otros senderos muy alejados a la doctrina de Jesús de Nazaret. El dinero es el gran patrón que lo mueve todo y lo domina todo. El amor al prójimo está prácticamente desaparecido, porque, aunque a veces auxiliemos a pobres lejanos –lo que está muy bien—por medio de los llamamientos de las ONG’s y de la Iglesia, olvidamos a los más cercarnos, a los que viven a nuestro lado, y ni siquiera nos acercamos a ellos, por repugnancia hacia sus propias llagas o porque solo queremos relacionarlos con aquellos que son como nosotros, o nos puede procurar un beneficio. Porque también está, cada día, más de actualidad la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro. Y no es todo esto un alegato pesimista. Es una realidad, que debemos de reconocer y admitir nuestra responsabilidad al respecto. Jesús de Nazaret clamaría, como lo hizo con los fariseos, con muchas de actitudes hacia los hermanos e, incluso, contra nuestra forma de vivir la fe.

4.- En el libro del Éxodo se nos aclara el camino en pos de ese Reino que Jesús ha proclamado. Dios Padre le dice, con claridad, a Moisés que si el pueblo escucha su voz y guarda su alianza, será para Él “un reino de sacerdotes y una nación santa”. Y es que todos tenemos participación en un sacerdocio común que nos lleva a dedicar nuestra vida a la alabanza del Señor y a la caridad efectiva dirigida a nuestros hermanos. Eso es el amor a Dios y al prójimo. San Pablo, a su vez, nos muestra que la Redención, que la muerte de Jesucristo para reconciliarnos con Dios y poder estar junto al Padre, es otra muestra de generosidad que nos enseña a que las dificultades estarán siempre cerca de nosotros, pero que también Dios estará cercano y presto para marcarnos, una vez más, el camino.

Como veréis todos los textos de la Palabra de Dios de hoy, hasta el Salmo 99 –“Nosotros somos pueblo y ovejas de su rebaño—y, por supuesto, el versículo del canto del Aleluya con lo que iniciaba este comentario—quieren decirnos lo mismo y marcar nuestro camino en el Reino. Y eso es lo que tenemos que aprender hoy y meditarlo continuamente toda la semana –bueno, y toda la vida—para que podamos construir el tiempo feliz que Jesús quiere para nosotros. Pero hemos de saber que lo que nos acerca o lo que nos separa del Reino. Hemos de decidirnos. No es posible seguir como hojas que mueve el viento o como seres sin criterio que aceptan lo que menos interesa para nuestra condición de sacerdotes y santos y se dejan seducir por cualquier canto desafinado de las sirenas de nuestro tiempo.

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