10 noviembre 2022

Moniciones Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario (13 noviembre)

 Moniciones Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario

MONICIÓN DE ENTRADA

Iniciemos alegremente esta eucaristía. Y con alegría y esperanza os decimos, asimismo, que estamos terminando el tiempo ordinario y con él, el año litúrgico del Ciclo C. El próximo domingo, con la conmemoración de Jesucristo, Rey del Universo, habremos llegado al final. Y por eso las lecturas de hoy nos hablan de tiempos difíciles, de cambios… Pero tras lo difícil, aparecerá el Señor Jesús a quien esperamos con emoción. Dispongámonos, pues, a celebrar esta asamblea dominical de hermanos y hermanas que se aman con lo mejor de nosotros, con nuestro amor, nuestra fe y nuestra esperanza…


MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS

1.- El profeta Malaquías nos describe lo que será el Día del Señor, un momento difícil y terrible que los judíos esperaban como final de todo y como principio de muchas cosas. Hoy la lectura del breve texto del Libro de Malaquías –que es nuestra primera lectura—guardia especial concordancia con el evangelio de Lucas que escucharemos después.

S.- El Salmo 97, que cantamos hoy, es junto al 95, 96, 98 y 99, un himno de un gran sentido escatológico, que anuncia los tiempos finales. Y todo ello con el poder y la salvación proveniente de Dios. Es, pues, este salmo 97 típico y adecuado para estos domingos finales del Tiempo Ordinario. La justicia de Dios llega…

2.- La capacidad de fabulación del ser humano en torno al final del mundo ha existido siempre. Pablo de Tarso en la segunda lectura de hoy, que, como en domingos anteriores, sigue aconsejando a los fieles de Tesalónica, ya advierte a aquellos que allí pasan el tiempo sin trabajar , más ocupados en especular sobre un final que no llega y sin trabajar . Y Pablo es directo y práctico: “el que no trabaje que no coma”, dice. ¿Tendremos que decir nosotros lo mismo ante tanto esotérico que anda suelto por ahí sin trabajar en nada útil?

3.- Jesús acaba de entrar triunfal en Jerusalén y los discípulos se siente maravillados por la belleza del Templo de Jerusalén. En esos momentos, el Maestro profetiza sobre la destrucción total y definitiva de Jerusalén que se iba a producir menos de cuarenta años después de que Jesús expresara su mensaje. Tienen, no obstante, las palabras del Maestro un camino de reflexión hacia lo nuevo, hacia lo que nace tras los tiempos difíciles. Nosotros, hoy, oteamos el Adviento que no es otra cosa que la espera confiada en la llegada del Niño Dios.

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

El Adviento, que ya está próximo, tiene como protagonistas principales a María y José; a la Sagrada Familia, cuando, por fin, nazca el Niño Jesús. Hoy nos ha parecido interesante presentar una oración dedicada a San José, esposo de la Virgen María. Decía Santa Teresa de Jesús que el Glorioso Patriarca le había dado todo lo que le había pedido. La recomendación de la Santa es muy importante. Y certera.

CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ

Oh Glorioso Patriarca San José,

heme aquí, postrado/a de rodillas ante vuestra presencia,

para pediros vuestra protección.

 

Desde ya os elijo como a mi padre, protector y guía.

Bajo vuestro amparo pongo mi cuerpo

y mi alma, propiedad, vida y salud.

 

Aceptadme como hijo/a vuestro.

Preservadme de todos los peligros,

asechanzas y lazos del enemigo.

 

Asistidme en todo momento

y ante todo en la hora de mi muerte.

Amén.


Exhortación de despedida

Jesús nos ha enseñado a no inquietarnos ante las dificultades y a esperar la dicha de los Tiempos Nuevos. Salgamos, pues, felices y esperanzados.

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