03 mayo 2015

Avisos parroquiales

1.   Con el lema: ”Vivimos juntos o nos casamos”, la próxima semana se celebra la Semana de la Familia. Ofrece temas y reflexiones de gran interés y actualidad. Los encuentros serán:  los días 4 al 7 en el Teatro Cervantes; y el día 8, viernes, en el Seminario Diocesano. Todos los días serán a las 20.00 horas.
El día 9, sábado, será “El día Diocesano de la Familia”. Se anima a las familias a que acudan a esta celebración en el Seminario.

2.   El próximo sábado, día 9, tendremos en la Parroquia la Primera Eucaristía del primer grupo de niños de comunión. Será en la Eucaristía de las 12.30 horas. Es importante que lo tengan en cuenta los que acuden a dicha Eucaristía.

3.   El martes, día 5, iniciamos la Novena a nuestro Patrono San Pedro Regalado. El ejercicio se realizará después del Rosario. Se solemnizará la Eucaristía de la tarde.

4.   Ante el terremoto de Nepal y atendiendo a la invitación de Catitas, los que deseen colaborar económicamente, pueden hacerlo en horas de portería. Lo recaudado se entregará a Caritas Diocesana, que se encargará de hacerlo llegar a los necesitados de Nepal.


5.   No queremos olvidarnos de dar las gracias más sinceras y cordiales a todos los que han colaborado con su interés, presencia y simpatía en la Celebración de los 50 años de la Parroquia de La Inmaculada. Gracias de corazón. 

Los chicos/as de Poscomunión felicitan a sus mamás

Hoy Día de la Madre, los chicos y chicas de Poscomunión y Catequesis y Tiempo Libre felicitan a sus mamás. Precioso vídeo lleno de cariño y de amor.

Minutos musicales...Todo es de todos

Frase del día, 3 de mayo

¡Felicidades, mamás!

Creer



La fe no es una impresión o emoción del corazón. Sin duda, el creyente siente su fe, la experimenta y la disfruta, pero sería un error reducirla a «sentimentalismo». La fe no es algo que depende de los sentimientos: «ya no siento nada… debo estar perdiendo la fe»Ser creyentes es una actitud responsable y razonada.
La fe no es tampoco una opinión personal. El creyente se compromete personalmente a creer en Dios, pero la fe no puede ser reducida a «subjetivismo»: «yo tengo mis ideas y creo lo que a mí me parece». La realidad de Dios no depende de mí, ni del cristianismo es fabricación de cada uno.
La fe no es tampoco una costumbre o tradición recibida de los padres. Es bueno nacer en una familia creyente y recibir desde niño una orientación cristiana de la vida, pero sería muy pobre reducir la fe a «costumbre religiosa»: «en mi familia siempre hemos sido muy de Iglesia». La fe es una decisión personal de cada uno.
La fe no es tampoco una receta moral. Creer en Dios tiene sus exigencias, pero sería una equivocación reducirlo todo a «moralismo»: «yo respeto a todos y no hago mal a nadie»La fe es, además, amor a Dios, compromiso por un mundo más humano, esperanza de vida eterna, acción de gracias, celebración.
La fe no es tampoco un «tranquilizante». Creer en Dios es, sin duda, fuente de paz, consuelo y serenidad, pero la fe no es sólo un «agarradero» para los momentos críticos: «yo cuando me encuentro en apuros acudo a la Virgen»Creer es el mejor estímulo para luchar, trabajar y vivir de manera digna y responsable.
La fe comienza a desfigurarse cuando se olvida que, antes que nada, es un encuentro personal con Cristo. El cristiano es una persona que se encuentra con Cristo y en él va descubriendo a un Dios Amor que cada día le convence y atrae más. Lo dice muy bien Juan: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es Amor» (1 Jn 4, 16).
Esta fe sólo da frutos cuando vivimos día a día unidos a Cristo, es decir, motivados y sostenidos por su Espíritu y su Palabra: «El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí no podéis hacer nada».
José Antonio Pagola

Los frutos de la vida

1. Cualquier árbol frutal es buena imagen para dar a entender lo que se dice en el evangelio de hoy. Hay veces en que el árbol se seca por falta de riego; otras veces es una rama seca la que no da fruto. Todos tenemos una parcela en la vida que debemos cultivar, como lo hace un buen labrador paciente. Las ramas que no sirven se echan al fuego, y las que sirven se podan para que den más fruto.
2. Jesús es como la savia. Así es su palabra, su sangre, su cuerpo. El cristiano debe estar unido a Cristo y a todos los hermanos. Jesús, Primogénito de la nueva humanidad y Señor de la comunidad de creyentes, se dirige a la casa del Padre -a través de un nuevo Éxodo y una nueva Pascua- para preparar una morada a sus discípulos.
3. El verdadero dinamismo cristiano se muestra en la «permanencia» del creyente con Jesús, o de la palabra de Jesús en el discípulo. Ser discípulo es dar gloria al Padre y ofrecer frutos en el mundo.
REFLEXIÓN CRISTIANA:
¿Qué cristianos son capaces de dar frutos?
C. Floristan

Comentario al Evangelio de hoy, 3 de mayo

Queridos hermanos:
El vino es el fruto de la vid, alegra el corazón del hombre, es signo de la sangre derramada que presentamos en la eucaristía. Palestina debía ser un lugar de buenos vinos al menos por las comparaciones y dichos que aparecen en toda la Escritura. Nada extraño para sus oyentes, que Jesús diga: “Yo soy la verdadera vid”, pero dice algo más: “Y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo poda para que dé más fruto”. Es preciso volver a la cultura rural, quizás para terminar haciendo con los sarmientos una buena fogata en la que asar las chuletas, (como el pescado asado por Jesús al lado del lago) y beber el vino nuevo de la Pascua.

Recuerdos a parte, el Evangelio de hoy nos habla de intimidad de vida vivida en comunidad. Él es la vid y nosotros los sarmientos, hay una autentica unidad entre él y nosotros, podríamos afirmar que Cristo es la comunidad y que la comunidad es Cristo. El Padre es el viñador, el que corta los sarmientos para impedir que la energía de la comunidad se malgaste en tantas cosas que no tienen que ver con la vivencia del Evangelio. ¿Cuantas cosas hay que podar en nuestras comunidades y en nosotros: en el empleo del tiempo, en las ambiciones, el uso del dinero, la vanidad…? Aceptemos pues, la poda del Padre, sobre todo la poda del corazón, para que toda la energía del Espíritu, la savia de la vid, se transforme en frutos de amor.

Evangelio del día, 3 de mayo


Lectura del santo evangelio según san Juan (15,1-8):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Palabra del Señor

02 mayo 2015

Día Diocesano de familias: 9 de mayo


XXX Semana de la Familia en Valladolid


Campamento 2015: ¡Comienzan los preparativos!

Ayer viernes día 1 de mayo, se reunieron por primera vez los jóvenes que van a acudir al campamento de verano 2015. En el encuentro de la jornada de ayer, estos jóvenes se estuvieron conociendo y compartiendo cómo son. 
Durante diez días vivirán y convivirán las 24 horas del día y es importante que se creen esos lazos de amistad, de confianza y respeto para entregar lo mejor de ellos mismos a todos los niños que van a acudir al campamento.
Marta, Laura, Leticia, Isaías, Bahía, Sofía, Ana, Irene y Álvaro, serán los encargados de animar nuestro campamento THE TIME HOUSE.


 

  

  


Frase del día, 2 mayo

V Domingo de Pascua: Jugando también se aprende



V Domingo de Pascua: Celebrando la Pascua de Dios con niños



V Domingo de Pascua: Misa con Niños 2



Acogida
  Hermanos y hermanas:
     En este domingo 5º de Pascua Jesús nos dice que él la vid verdadera y que nosotros somos los sarmientos o ramas que recibimos de él la savia para dar fruto. Por eso estamos aquí: porque la recibimos al reunirnos en comunidad, al escuchar su Palabra y al comulgar su Cuerpo en la Eucaristía. Y así queremos estar siempre: unidos a él, dando buenos frutos. (Traemos unas uvas y una frase: “Queremos vivir conectados a ti, Jesús, para dar fruto”.  Se puede hacer la aspersión como purificación de nuestros pecados y recuerdo del bautismo).

Perdón
Pedimos perdón por las veces que rompemos nuestra unión con Cristo y, con ello, hacemos daño a la comunidad cristiana de la que somos miembros:
Por las veces que no aceptamos tu llamada y nos apartamos de tu camino: ¡Señor, ten piedad!
Por las veces que nos apartamos de Ti para seguir nuestros propios criterios: ¡Cristo, ten piedad!
Por las veces que con nuestra infidelidad al Evangelio de Jesús rompemos la unidad en la Iglesia: ¡Señor, ten piedad!

Monición a las lecturas
Pablo, perseguidor de los cristianos, ha tenido una importante experiencia camino de Damasco: su encuentro con Cristo resucitado. Este acontecimiento cambia radicalmente su vida y de perseguidor de Jesús se convierte en un gran apóstol. Esta conversión es lo que vamos a escuchar en la primera lectura. San Juan, en la segunda lectura, nos dice que viviremos en la verdad cristiana si cumplimos el mandamiento nuevo del Señor: “Amaos unos a otros como yo os he amado”. El evangelio nos recuerda que para vivir y actuar en cristiano hemos de estar unidos a Jesús como los sarmientos a la vid; sin Jesús no podemos dar los frutos que Él espera. 

Comenzamos el Mes de Mayo

Tú eres, María, la experiencia más bella del Evangelio.
En ti Dios se ha hecho Noticia Buena para el hombre.
Eres como la luz del alba que abre camino al Sol;
eres esa estrella matutina que anuncia el día.
Eres la mujer creyente que acoge y guarda la Palabra;
la mujer joven que entra en el plan de Dios, libre y gozosa.
Eres estilo de vida, nuevo y fascinante en la Historia;
eres, María, la virgen bella y fecunda de Nazaret.
Eras joven, María, cuando revolucionaste la Historia;
eras joven cuando Dios, de puntillas, llamó a tu puerta;
eras joven cuando dijiste  a su proyecto de vida;
eras joven cuando diste decidida, a su plan, respuesta.
Eras joven y te abriste a Dios como la flor al sol;
eras joven y dejaste a Dios que entrara libre en tu tienda;
eras joven y tus alas alzaron vuelo hasta la cumbre;
eras joven y en tu vida, con Dios, entró el ritmo de la fiesta.
Tu corazón joven dijo: ¿Cómo podrá ser eso? ¿Cómo?
Tu corazón joven dijo: He aquí la esclava; he aquí.
Tu corazón joven dijo: Mi alma glorifica al Señor; mi alma.
Tu corazón joven dijo: Hágase en mí según tu Palabra; tu Palabra.
Tu corazón joven dijo: Tus caminos son mis caminos; mis caminos.
Tu corazón joven dijo: ¿Qué quieres, Señor, que yo haga?
Tu corazón joven dijo: Tu proyecto es mi proyecto; mi proyecto.
Tu corazón joven dijo: Me alegro con el Dios que me salva.
Gracias, María, por tu corazón bueno y disponible.
Gracias, María, por tu corazón de ojos limpios y puros.
Gracias, María, por tu corazón sincero y transparente.
Gracias, María, por tu corazón claro y luminoso.
Gracias, María, por tu corazón sencillo y humilde.
Gracias, María, por tu corazón lleno de luz y de amor.
Gracias, María, por tu corazón abierto al infinito.
Gracias, María, por tu corazón joven, abierto al Amor.
Aquí me tienes, en busca de un camino de fe.
Aquí me tienes, en busca de un proyecto de vida.
Aquí me tienes, en busca de Alguien en quien dejar mi amor.
Aquí me tienes, en busca de semillas de alegría.
Aquí me tienes, en busca de la paz y el bien.
Aquí me tienes, en busca de un sendero de justicia.
Aquí me tienes, en busca del rostro del Dios vivo.
Aquí me tienes, en busca de la libertad perdida.
¡Gloria a ti, María, casa donde Dios mora!
¡Gloria a ti, María, Madre de Cristo y Madre mía!

V Domingo de Pascua: guión Litúrgico 4

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Érase una vez... Lágrimas de mujer



- "¿Por qué lloras, mamá?", le pregunté cuando era niño a mi madre.
- "Porque soy mujer", me contestó.
- "Pero yo no entiendo", le dije.

            Mi madre se inclinó hacia mí y abrazándome me dijo:
- "Y nunca lo entenderás".

 Más tarde le pregunté a mi padre:
- "¿Por qué mamá llora a veces sin ningún motivo?". 
- "Todas las mujeres lloran siempre sin ningún motivo", es todo lo que mi padre supo contestarme.

Un día, convertido ya en hombre, me arrodillé y le pregunté a Dios:
- "¿Señor, por qué lloran tan fácilmente las mujeres?"

 Y Dios me dijo:
“Cuando hice a la mujer, quería que fuera algo especial.
            Hice sus hombros bastante fuertes como para cargar el peso del mundo entero, pero a la vez tan suaves que diera gusto reposar la cabeza cansada en ellos.
            Le di esa fortaleza interior que le permite seguir adelante y cuidar a su familia aun en tiempo de enfermedad y de fatiga, y sin quejarse cuando otros se rinden.
            Le di la sensibilidad capaz de amar a un niño en cualquier circunstancia, aun cuando su niño le haya dado muchos sufrimientos.
            Le di fuerza suficiente para que pudiera perdonar las faltas de su esposo y, contra todo pronóstico, esperase siempre en poder cuidar de su corazón.
            Y le di lágrimas. Lágrimas de las de verdad, las que brotan de ella siempre que su ser necesita expresarse más allá de las palabras.
            Esa es su única debilidad, las lágrimas. Con ellas la mujer pide perdón por los errores y la dureza de corazón del resto de la humanidad."

           
            Ahora entiendo por qué lloraba mi madre, y le doy gracias a Dios por haber creado a la mujer. Le doy gracias a Dios por mi madre, mis hermanas, mis hijas, mis amigas, mis primas... por su sensibilidad, por su fortaleza, por su capacidad de ser fieles a pesar de los olvidos de los que aman.
(Anónimo)


Domingo día 3: Día de la madre



A los 4 años: "¡Mi mamá puede hacer cualquier cosa!"

A los 8 años: "¡Mi mamá sabe mucho! ¡Muchísimo!"

A los 12 años: "Mi mamá realmente no lo sabe todo...."

A los 14 años: "Naturalmente, mi madre no tiene ni idea sobre esto"

A los 16 años: "¿Mi madre? ¡Pero qué sabrá ella!"

A los 18 años: "¿Esa vieja? ¡Pero si se crió con los dinosaurios!"

A los 25 años: "Bueno, puede que mamá sepa algo del tema..."

A los 35 años: "Antes de decidir, me gustaría saber la opinión de mamá."

A los 45 años: "Seguro que mi madre me puede orientar"

A los 55 años: "¿Qué hubiera hecho mi madre en mi lugar?"


A los 65 años: "¡Ojalá pudiera hablar de esto con mi mamá!"

Domingo 3 de mayo: Día de la Madre. Elogio a una madre



Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados.
Una mujer que, siendo joven, tiene la reflexión de una anciana
y, en la vejez, trabaja con el vigor de la juventud.Una mujer que, si es ignorante,
descubre los secre­tos de la vida con más acierto que un sabio y, si es instruida, se acomoda a la simplicidad de los niños.
Una mujer que, mientras vive no la sabemos esti­mar porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero, después de muerta, daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por recibir de ella un solo abrazo.
          De esa mujer no me exijáis el nombre. ¡Es la madre!


                                                                                                          (Mons. R. A. Jara).

Comentario al Evangelio de hoy, 2 de mayo



Queridos amigos:
Conocer, ver, creer, hacer, son cuatro verbos que articulan este fragmento del evangelio de Juan. Son, en realidad, dimensiones interiores de la relación personal del Hijo con el Padre, y de los discípulos con Cristo. El conocer, en este contexto, implica afinidad, familiaridad. Conocer a alguien, a un apersona, no se logra por la mera objetividad; requiere contacto personal.
“El que me ve a mi, ve al Padre”, esta respuesta de Jesús a la pregunta de Felipe es una de las más densas de todo el evangelio por lo que se refiere a la Cristología. Ver a Jesús es ver al Padre. La razón objetiva reside en que Jesús es el Hijo y el Padre está presente en él, habla en él, actúa en el.
El texto nos llama a fijar la mirada en él, a ver a Jesús. Se trata de un ver especial. No es suficiente un ver superficial. Es menester un ver penetrante. Se fija en la profunda identidad de Jesús; experimenta que escuchar a Jesús es escuchar a Dios mismo; que aceptar las obras de Jesús es aceptar las obras de Dios mismo.
Esta es la experiencia original cristiana. A través de los gestos de Jesús se transparentan los de Dios mismo; a través de la apertura y la misericordia de Jesús se realiza la apertura y la misericordia de Dios mismo; a través del amor entrañable de Jesús es el Padre mismo el que  revela y realiza su identidad amorosa.
En el lenguaje de la teología hemos expresado esta experiencia original del Nuevo Testamento diciendo que Jesús es el sacramento de Dios; la vida histórica de Jesús es la parábola viva del Padre.
En la oración trato de  revisar mi propia experiencia religiosa confrontándola con lo leído en la Palabra. ¿Qué dice el texto? ¿Qué me dice a mí? ¿Puedo confesar personalmente que para mí Jesús es el sacramento vivo de Dios Padre? ¿Qué revela  de mi mismo este evangelio? ¿Qué me pide que haga?
Bonifacio Fernández,cmf

Evangelio del día, 2 mayo


Lectura del santo evangelio según san Juan (14,7-14):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»
Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» 
Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.»

Palabra del Señor

30 abril 2015

Frase del día, 30 abril

Jueves IV de Pascua

AMOR
Hechos 13,13-25. Pablo se pone al frente de la misión. Ha cambiado su nombre judío por un nombre romano, pues el Espíritu le guía hacia los gentiles; pero, fiel al método constante de los misioneros cristianos, se dirige con prioridad a los judíos. Un sábado, toma la palabra en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, en la Turquía meridional, y, partiendo de la Escritura, recuerda el pasado de Israel. Como todos los judíos, Pablo tiene un agudo sentido de la unidad de la historia. Para él, el acontecimiento del Sinaí y el de la Pascua se inscriben en una misma economía: Dios ha prometido al hombre la vida eterna, y es el mismo Espíritu quien actúa.
El salmo 88 se compone de varias unidades diferentes. Los versículos tomados por la liturgia pertenecen todos al poema dinástico de los vv. 2-5 y 20-38, que recuerda las promesas de Dios a David acerca de la elección de su casa para el trono de Judá. No es imposible que el poema responda a una crisis de régimen; en el contexto de la primera lectura, acredita a Jesús como descendiente de David.
Juan 13,16-20. En la última cena con sus discípulos, Jesús se levantó de la mesa y se ciñó una toalla para lavarles los pies. Con un gesto de innegable profundidad, expresó, en el momento de abandonar su vida, lo que había sido esencial a lo largo de ella. Para Jesús, vivir es amar. Por amor da su vida para salvar a los hombres; por amor asume ante los suyos el servicio más humilde. «¡El que quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos!».
El ejemplo y el mandamiento de Jesús hunden su raíces en lo que ha sido su vida. El amor a los demás, incluidos los enemigos, es su exigencia más fundamental. Toda su vida fue un compromiso por los pecadores, a quienes invita prioritariamente a su mesa, reconciliándolos así consigo mismos y con Dios. En la última cena, también lava los pies a pecadores. Al día siguiente, los discípulos le abandonarán en manos de los hombres, y él ya ha reconocido en Judas al traidor. El amor que actúa, y que había inspirado toda su actividad, caracteriza también su muerte.
Se ha despojado, haciéndose imagen misma del Siervo. Se ha abajado y, en su obediencia, ha ido hasta la muerte. Al pasar por la muerte, Jesús pasa por la condición de esclavo. Abraza el más humilde de los servicios y ama a los suyos hasta el extremo.
«Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Sabiendo esto, ¡dichosos vosotros si lo cumplís». El paso esencial es el del amor. Cuando se arrodilla a los pies de sus discípulos, ya ha entrado Jesús en agonía. El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir. «La medida del amor es el amor sin medida» (San Bernardo).

Reflexión al Evangelio de hoy, 30 abril

Queridos amigos:
“Dichosos vosotros si entendéis estas cosas y las ponéis en práctica”, esta bienaventuranza de Jesús a los discípulos está situada en el contexto inmediato del gesto de servicio de Jesús consistente en lavar los pies de los discípulos. Y es que Jesucristo es en sí mismo la “Palabra abreviada”. En él se concentra y se realiza el conjunto de la Escritura; en él resuenan todas las palabras inspiradas de la Biblia. Y  todos los gestos del servicio y la misión de Israel en la historia de salvación.
En este tiempo pascual, el Señor resucitado anima, reconoce, confirma a su Iglesia por el dinamismo de la Palabra. Quiere transformar a los seguidores en testigos de la fuerza de la resurrección. Los inicia en la nueva forma de presencia y de acción del de Jesús, convertido en Cristo. Los discípulos continúan la misión de Jesús: son enviados. Pero no basta. Tienen que continuar la práctica de Jesús. “el enviado no es más que el que le envía”. La misión es servicio; el estilo de los misioneros se autentifica en el servicio recíproco.
El ejemplo de Jesús instruye y fortaleza a los discípulos. Los prepara para afrontar las dificultades. Tendrán que vivir la traición, como Jesús mismo sufrió la deslealtad de su discípulo Judas. Jesús prepara a los discípulos para el futuro y los previene. Les confiere la certidumbre de la identificación con él: el que los recibe a ellos, en realidad, lo recibe a él, el que lo recibe a él, recibe, en realidad, al Padre.
La bienaventuranza de Jesús sobre la praxis de sus gestos nos confronta con nuestra actitud. Nos  escudriña sobre nuestros sentimientos de dicha en el seguimiento de la praxis servicial de Jesús. ¿Entiendo yo la praxis del servicio? ¿La continúo en mi vida como actitud permanente? ¿Cuáles  son mis luchas por el poder clerical, laical, conyugal o familiar?
Bonifacio Fernández,cmf

Evangelio del día, 30 abril

Lectura del santo evangelio según san Juan (13,16-20):

Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro, el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: "El que compartía mi pan me ha traicionado." Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy. Os lo aseguro: El que recibe a mi enviado me recibe a mí; y el que a mí me recibe recibe al que me ha enviado.»

Palabra del Señor

29 abril 2015

V Domingo de Pascua: Recursos

V Domingo de Pascua: Ficha


Minutos musicales... Mi luz mi cruz

Frase del día, 29 abril

V Domingo de Pascua: Ficha

V Domingo de Pascua: Evangelio Ilustrado



V Domingo de Pascua: Oración de los Fieles 3



SEÑOR, QUE DEMOS FRUTO

Sin estar junto a Ti nada podemos. Pero nuestra misión es seguir a Cristo y que nuestra vida sirva para los demás. Respondemos diciendo:

R.- SEÑOR, QUE DEMOS FRUTO

1. – Por el Papa Francisco, para que siga alentando a los corazones de su Iglesia y así todos vivamos unidos a Cristo y a su vicario en la tierra.

OREMOS

2. – Por los que dirigen las naciones para que descubran que en la unidad el fruto es más abundante.

OREMOS

3. – Pidamos por aquellos que se han alejado de la Iglesia, para que descubran que sólo a través de Ella nos llega la salvación ganada por Cristo.

OREMOS

4. – Por los enfermos, impedidos y necesitados para que la Vida y Salvación de Aquél que celebramos resucitado les alcance en plenitud.

OREMOS

5. – Por todos los que nos alegramos con la resurrección de Cristo, para que gocemos un día de la vida eterna junto a Él en la casa del Padre.

OREMOS

Te presentamos, Padre, estas plegarias con la confianza de que serán atendidas por tu inmensa bondad.

Por Jesucristo nuestro Señor

Amen.

V Domingo de Pascua: Oración de los Fieles 2



PADRE, QUE PERMANEZCAMOS EN TU AMOR

Es tiempo de Pascua, es tiempo de Resurrección. Y hoy nos recuerda el Evangelio que solamente unidos a la vid nuestra vida dará fruto. Así, nuestra plegaria al Padre hoy la haremos diciendo:

R.- PADRE, QUE PERMANEZCAMOS EN TU AMOR.

1. – Por la Iglesia, para que busque a todos los hombres y les muestre a Cristo como la Vid verdadera en la que debemos estar injertados.

OREMOS

2. – Por todos los pueblos de la tierra que sufren la desgracia, especialmente Nepal y Chile, para que el Señor acoja las almas de los fallecidos y dé consuelo a los familiares y a aquellos que han perdido todo.

OREMOS

3. – Por los agricultores, ganaderos y demás hombres que viven del trabajo de la tierra, para que ésta sea generosa con su esfuerzo y las cosechas sean abundantes.

OREMOS

4. – Por los pobres, los enfermos, los que viven alejados de Cristo, para que uniendo sus sufrimientos a los de Cristo, tengan también parte en su Resurrección.

OREMOS

5. – Por todos los niños y jóvenes que reciben la Primera Comunión o la Confirmación para que estos sacramentos les afiancen y sean perseverantes en el caminar con Cristo, Vid verdadera.

OREMOS

6. – Por todos nosotros que celebramos esta Eucaristía, para que, injertados en la Salvación de Cristo por medio de ella, sepamos dar frutos de Amor verdadero.

OREMOS

Padre, haz que permanezcamos siempre unidos a Cristo para que nuestras vidas sean plenas de buenos frutos para Gloria tuya y bien de la Iglesia.

Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.

Amen.