28 abril 2024

Domingo V de Pascua del Ciclo B

 Hoy es 28 de abril, domingo de la V semana de Pascua.

La oración de Jesús a Dios, nuestro Padre, nos invita a tener deseos, anhelos profundos, apasionados, por la llegada del Reino.  La oración nos pone en contacto con lo más intenso y profundo del corazón humano. Al final de la semana este rato de encuentro puede ser, la ocasión única para respirar hondo, entrar en tu interior y descubrir que está habitado.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 3, 18-24):

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

Seguir a Jesús es, sobretodo, una cuestión de corazón, de dejarse atraer por aquello que da vida. Jesús se presenta como la vid para que los sarmientos puedan recibir su savia. ¿Qué ámbitos de mi vida y de mi entorno me gustaría que se cimentaran de esa sabia, de esa fuerza dispuesta a alentarme y sostenerme?

Lo seco se echa al fuego para que arda. Es así como la vid puede seguir creciendo y dando fruto. Nuestro Dios es el Dios capaz de recrearlo todo, de generar ámbitos nuevos de existencia. Preséntale al Señor esos espacios de tu vida que te gustaría que Él podara para que puedas abrirte a metas e impulsos y horizontes nuevos.

Jesús es la vid, nosotros los sarmientos que se cruzan, que se entrelazan. Existir siempre, coexistir. Nuestra vida se va tejiendo con otras vidas, con los sueños, las heridas y los cansancios de otros. ¿Qué rostros, qué gestos, que historias en mi vida me hablan de ese camino compartido?

En este tiempo de Pascua celebramos la resurrección que se asoma a nuestras vidas. La victoria de la luz frente a la oscuridad, de lo nuevo, frente a lo viejo. Al leer de nuevo el texto, déjate llenar por la fuerza de ese Dios que es vid, savia dispuesta generar vida.

¡Señor Jesús!
Mi Fuerza y mi Fracaso
eres Tú.
Mi Herencia y mi Pobreza.
Tú, mi Justicia,
Jesús.
Mi Guerra
y mi Paz.
¡Mi libre Libertad!
Mi Muerte y Vida,
Tú,
Palabra de mis gritos,
Silencio de mi espera,
Testigo de mis sueños.
¡Cruz de mi cruz!
Causa de mi Amargura,
Perdón de mi egoísmo,
Crimen de mi proceso,
Juez de mi pobre llanto,
Razón de mi esperanza,
¡Tú!
Mi Tierra Prometida
eres Tú…
La Pascua de mi Pascua.
¡Nuestra Gloria por siempre
Señor Jesús!

Pedro Casaldáliga

Un Dios que se presenta como vid, es un Dios dispuesto a sostener, a recrear, a dar consistencia y sentido. Al final de esta oración habla con ese Dios que hace nuevas todas las cosas. También tus cosas.

Convierte tu oración en un mantra. Una frase que te pueda acompañar a lo largo de esta semana. Repitiendo en tu interior, una y otra vez, ese anhelo: Señor, ayúdanos a permanecer en ti. Señor, ayúdanos a permanecer en ti…

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