02 abril 2014

De la muerte a la vida

LECTURA DEL DÍA
Dijo Jesús a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo». Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: «Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre.
El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, por- que ha pasado ya de la muerte a la vida. Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
Jn 5, 17-30
REFLEXIÓN
Conocí a Joaquín hace muchos años, en el Piso Hermanos de Valencia, mientras intentaba rehabilitarse de una larga historia de consumo de drogas. Por aquel tiempo, escribí de él lo siguiente:
“¡Ahí está Joaquinico! Con el sida a cuestas y encarándose a la vida con el humor de los sabios. ¡Ahí está Joaquinico! Alegre, ecuánime, consciente, dinámico, cariñoso, pidiéndole a la vida otra oportunidad.”
Y yo, Señor, ¿por qué lloro cuando hace frío? ¿Por qué me quejo de tantas pequeñeces y me encabrito cuando el sol no se acerca a mi casa? ¿Por qué sigo sentado en el sofá de la indiferencia, haciendo del tiempo una rutina y de la vida un viaje solitario y monótono? ¿Por qué no salto ¡ya!, ¡definitivamente!, para comerme el mundo?
“¡Ahí está Joaquinico! Con el sida a cuestas. ¡Ahí está!”
Como dice el Evangelio: “Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán”.
Porque se trata de eso: de escuchar las palabras de vida y de vivir. Una vez le preguntaron a Gandhi qué era lo que a él le sorprendía más de la humanidad y Gandhi respondió: «Los hombres y las mujeres que pierden la salud para juntar dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud; y que por pensar ansiosamente en el futuro olvidan el presente, de tal forma que acaban por no vivir ni el presente ni el futuro, viven como si nunca fuesen a morir y mueren como si nunca hubiesen vivido».
ORACIÓN
¡Dichosos y felices las personas que ejercen la misericordia!
Las que buscan, ante todo, comprender, evitando caer en la trampa de enjuiciar a los demás.
Las que hacen suya la vía de la paz, y mantienen disponible el abrazo de la reconciliación.
Las que siempre encuentran razones suficientes para disculpar, perdonar y ofrecer total amnistía.
Las que tienden la mano para el diálogo, sin cerrarla ni apartarla hasta traer el alba nueva.
Las que creen en la fuerza de la bondad y la clemencia y apoyan todas las iniciativas y medidas de gracia.
Las que brindan, sin horarios ni preguntas, hospitalidad y asilo a la necesidad ajena.
Las que saben aliviar la carga del hermano, arrimando el hombro, en actitud humilde de servicio.
Las que disponen de amplio hueco en el corazón, para acoger a todos los necesitados de misericordia.
ENTRA EN TU INTERIOR
Entra en tu interior... desde la fragilidad con que a veces experimentas tu vida y la vida del mundo; pero a la vez, desde la confianza de haber vivido y experimentado la presencia de Dios, que nos sostiene en los momentos de prueba.
Desde el temor que nos sugieren nuestras pobrezas; pero a la vez con la convicción de que Dios se pone de parte del pobre.
Desde el desaliento que nos produce ver lo poco que podemos hacer para construir un mundo mejor, pero a la vez desde el convencimiento de que sólo conocemos a Dios cuando nos ponemos de parte de los indigentes y necesitados.
¿Qué te pide Él que hagas?
ORACIÓN FINAL
Señor, me llamas hoy de nuevo.
Ayúdame a responderte: «Aquí estoy».
Pero no con palabras fáciles sino con la actitud profunda que da sentido a toda mi historia.
Señor, que hoy, y cada día, sea de verdad discípulo tuyo. Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario