07 enero 2011

¡¡Arriesgarse!!




El Bautismo del Señor (Mt 3, 13-17)
Por José Antonio Pagola

Los expertos afirman que ha crecido en la sociedad moderna la búsqueda de seguridad. Es normal que suceda así en tiempos de crisis. Las personas se arriesgan cada vez menos. Es lo mejor para no tener problemas o disgustos. No hay que cometer errores. Hay que medir bien las consecuencias par evitar críticas o rechazos.

Unos se defienden reduciendo su vida al ámbito de lo privado. Otros se parapetan detrás de una ideología, una religión o un código de comportamiento social obligado. Hay que ser políticamente o religiosamente correcto. Es peligroso salirse del «pensamiento único».

Ahora bien, quien sólo busca seguridad, termina empobreciendo su existencia. Es difícil que en esa vida aparezca algo realmente nuevo. Las personas se incapacitan para tener ideas nuevas. Pierden creatividad. Se les apaga la imaginación. Su vida es pura repetición.

Está búsqueda de seguridad que tanto puede paralizar la vida no afecta sólo a los individuos. Hay un modo de hacer política inmediatista y pragmática que ahoga cualquier proyecto renovador para el futuro. Los problemas siguen bloqueados por falta de voluntad y de audacia. Algo parecido sucede en la Iglesia. Vivimos tiempos de graves crisis pero nos falta valor para intentar caminos nuevos. Nos parece más seguro y hasta más evangélico seguir haciendo lo de siempre.

Es difícil imaginar un deseo más irreal y falso que ése del «Año Nuevo, vida nueva», que se repite entre nosotros estos días. Una cifra nueva en nuestros calendarios no introducirá nada nuevo en nuestras vidas. Si los políticos no actúan de manera más audaz y decidida, nuestros problemas seguirán bloqueados. Si en la Iglesia no confiamos más en la fuerza renovadora del Evangelio, seguiremos evitando posibles riesgos y errores, pero no aportaremos luz y esperanza al mundo moderno.

Para cada uno de nosotros, este año será nuevo si nos entusiasmamos por algún proyecto nuevo, si tomamos iniciativas nuevas, si nos arriesgamos a amar con más generosidad, si nos atrevemos a creer en Dios con más verdad.

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